domingo, 14 de junio de 2009

Medidas anti-cani

La semana pasada me apunté a un gimnasio, quizás sea el síndrome de los cuarenta o ese flotadorcillo que ha empezado a aparecer en el área donde se supone que existen una cosa llamada abdominales (que juraría son una leyenda urbana)... o quizás sea que sienta una pequeña envidia del llamado abdomen del mal. O todo junto.

En fin, tres días de musculación y dos de artes marciales (para refrescar la memoria) a la semana. Lo que peor llevo es que comparto espacio con esa subespecie humana (algunos lo llaman especie subhumana) que es el cani.

El otro día, mientras me fustigaba el cuerpo, mi calenturienta imaginación ideaba mil y ciento diferentes formas de puteo al cani, pero ninguna me terminaba de convencer. Claro está, mi amigo Iván, al que conozco como a la mayoría de vosotros de la blog-cosa, me dio en el bebes con la solución. Hela aquí.


Claro que si no funciona siempre puedo imprimir una entrada de uno de mis doctores favoritos y ponerla en el tablón de anuncios.