domingo, 4 de octubre de 2009

Reflexiones sobre el mear

En uno de los blogs en los que suelo arrasar con mis comentarios, en concreto este, al que le tengo cariño aunque parezca mentira, se me ocurrió pasarme tres pueblos y medio con cierto enlace a cierta foto pol.lno, escatológica, NSFW y no apto para estómagos, espíritus y/o corazones débiles. En concreto esta.

El contexto no es que venga mucho a cuento, y sí queréis saberlo pues buscarlo y así os dais un paseíto por allí, pero el amo y señor del chiringuito quitó el enlace aduciendo razones todas ellas legítimas y válidas.

¿Y como es que aparece aquí? Pues como debe parecer que no soy el único enfermo que se pasea por allí, ¿he dicho enfermo?, perdón quise decir curioso, pues a petición popular, en este caso de dos, pues aquí está la susodicha foto; simplemente para dar canchilla al populacho.

Pero mientras estoy escribiendo me está viniendo a la cabeza lo triste que es que ciertas cosas deban ser calladas en público no sólo por el que dirán... si no por que peligra algo que consideras más importante.

Cosas como "me duele una teta, mi esclava se ha pasado en sus atribuciones", "me encanta que me azoten, me hace sentir como una guarra", "tiene unos pies que se los lamería todos" o "tengo el cuerpo para una sesión de lluvia amarilla" debería causar la misma reacción en el interlocutor que "me gustan las pelirrojas".

En fin, me apostaría trescientos gallifantes a que muchos de los que se escandalizan les gustan dar o recibir azotitos o pensar lascivamente en ese (palabras usadas en genero neutro) adolescente dieciseisañero tan yogurín que tiene por vecino.

Y ojo, aclaro que no estoy llamando mojigato al dueño de ese blog, no; lo único que tenía era miedo de las reacciones de terceros; bastante triste, no por el miedo en sí, sino por esas reacciones tan... bueno, pongan ustedes el adjetivo que más crean pertinente.